El fenómeno de las “tradwifes” (personas influyentes que romantizan un retorno a los roles de género domésticos tradicionales) se ha convertido en un pararrayos para el debate cultural. A menudo se las ve a través de dos lentes: como mujeres que toman la encomiable decisión de abrazar la vida familiar, o como portadoras de una ideología peligrosa y regresiva que enmascara privilegios y sentimientos antifeministas.
La nueva y animada novela de Caro Claire Burke, Yesteryear , intenta sumergirse de lleno en esta controversia. Con una premisa que ya ha generado un importante contrato cinematográfico protagonizado por Anne Hathaway, el libro plantea una pregunta provocativa: ¿Qué sucede cuando la fantasía curada y bañada por el sol del ama de casa tradicional se encuentra con la realidad brutal y sin adornos del siglo XIX?
Desde suéteres de lujo hasta jabón de lejía
La historia sigue a Natalie, una desertora de Harvard convertida en una influyente “tradwife” de la alta sociedad. Vive una vida de perfección estética, hasta que de repente es transportada al año 1855.
La transición es violenta y visceral. Natalie es despojada de sus artículos de lujo, sus niñeras y su audiencia digital. En su lugar, ella se encuentra frente a:
– Trabajos manuales agotadores, como lavar ropa con jabón de lejía casero.
– Medicina primitiva, que implica puntos dolorosos sin anestesia y ungüentos que “huelen a grasa de tocino”.
– Peligro físico, incluidas lesiones causadas por trampas para osos y la amenaza de violencia doméstica.
Para muchos lectores, existe una oscura satisfacción al ver el estilo de vida “tradicional” de Natalie despojado de sus filtros. Sirve como un “te lo dije” cósmico para quienes promueven un estilo de vida que ignora las dificultades del pasado.
La hipocresía del influencer
Burke utiliza a Natalie para explorar la “podredumbre” detrás de la estética. La novela retrata el estilo de vida de las tradwife no solo como una declaración política, sino como un ejercicio masivo de hipocresía de los influencers.
El estilo de vida “orgánico” de Natalie es una fachada:
– Utiliza pesticidas para mantener rentable su granja.
– Sus utensilios de cocina “pastoral-chic” en realidad se envían directamente desde Taiwán.
– Alberga un profundo desprecio por las mismas mujeres que dice representar, y las ve a través de una lente de superioridad y resentimiento.
El libro sugiere que el contenido de “tradwife” es una forma de “cebo de ira”, un producto diseñado para ser consumido por personas a quienes les encanta odiarlo. La propia Natalie considera que sus seguidores son “adictos” a la misma podredumbre que ella vende.
Una crítica defectuosa: el problema de la agencia
Si bien la novela es una lectura apasionante y con un ritmo de suspenso, se enfrenta a un importante obstáculo filosófico. El argumento central de Burke parece ser que las tra-esposas están secretamente tan enojadas e insatisfechas como las feministas que las critican.
La novela postula que el estilo de vida de Natalie es una mentira que ella misma se dice a sí misma y que secretamente desea las mismas cosas que rechaza públicamente. Sin embargo, esto crea una trampa narrativa:
- Niega la agencia del sujeto: Al sugerir que Natalie está secretamente de acuerdo con sus críticos, el libro le niega el derecho a mantener sus propias convicciones.
- Se basa en un arquetipo de “mujer de paja”: Al igual que los comentaristas de Internet que “odian seguir” a estos influencers, la novela construye una versión imaginaria y hueca de una mujer solo para poder ver cómo la castigan.
El castigo más fuerte que Burke puede imaginar para esta mujer es negar que cree en las cosas que, a través de todas sus palabras y acciones, parece creer sinceramente.
Conclusión
Yesteryear es una exploración muy atractiva y apasionante del resentimiento moderno y las fachadas digitales. Sin embargo, al intentar “castigar” el arquetipo de la esposa traficante mediante la subversión psicológica, se pasa por alto una verdad más profunda: no es necesario demostrar que un estilo de vida es una mentira para reconocer que es ideológicamente regresivo. Al intentar desmantelar la fantasía, la novela crea en última instancia un tipo diferente de ficción, una en la que incluso las convicciones del protagonista son tratadas como mera actuación.





























