¿Tu marcapasos te está convirtiendo en un cyborg hoy?

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Cíborg. Suena como el villano de una superproducción de ciencia ficción, ¿no? Un monstruo cromado y ruidoso. Pero la realidad es mucho menos teatral y mucho más médica. El término es un acrónimo de cibernético y organismo. Describe una entidad que es en parte biológica y en parte biomécatrónica. Eso es un bocado.

La biomécatrónica no es sólo una palabra de moda. Fusiona biomecánica, robótica y medicina. ¿El objetivo? Integrar elementos mecánicos directamente en cuerpos orgánicos. En pocas palabras: humanos con injertos mecánicos o electrónicos.

¿Dónde empezó la idea?

Mucho antes de que Hollywood se involucrara, los escritores jugaban con el concepto. Edgar Allan Poe incursionó en ella en 1843. ¿Pero cuál es la palabra real? Eso llegó después. En 1960, los investigadores Manfred Clynes y Nathan Kline acuñaron el término.

No estaban escribiendo ficción. Estaban resolviendo un problema. Imaginaron que los humanos habían mejorado lo suficiente como para sobrevivir en ambientes extraterrestres hostiles. Los viajes espaciales fueron difíciles. El cuerpo humano no fue hecho para ello. Necesitaban un puente.

El filtro de ciencia ficción

Hoy en día asociamos principalmente a los cyborgs con la futurología y la ciencia ficción. Los ves por todas partes.

  • Literatura: Los ojos de Heisenberg de Frank Herbert.
  • Cómics: el superhéroe Cyborg de DC.
  • Película: RoboCop, El hombre del brazo dorado (L’homme qui valait 3 milliards) y el clásico de culto japonés Tetsuo.

Estas historias nos ayudan a visualizar el concepto. Pero también nos distraen de la verdad. La frontera entre ficción y realidad es más delgada de lo que piensas.

Puede que ya lo seas

Aquí está la verdad incómoda: los cyborgs existen ahora mismo. No se esconden en las sombras. Caminan con dispositivos médicos que los mantienen con vida.

Consideremos a la persona con un estimulador cardíaco electrónico. O alguien con articulaciones artificiales. ¿Qué pasa con los sistemas de implantación de medicamentos? ¿O implantes intraoculares? Incluso la piel artificial cuenta.

“Las personas equipadas con estimuladores cardíacos, prótesis, articulaciones artificiales, sistemas de implantación de fármacos, implantes intraoculares y piel artificial pueden considerarse cyborgs.”

Suena raro. Algunos podrían encontrar el término peyorativo cuando se aplica a los pacientes. ¿Pero técnicamente? Se ajustan a la definición. Un humano con mejoras mecánicas o electrónicas.

La próxima vez que vea a alguien con marcapasos, no vea simplemente a un paciente. Ver un pionero. Son la prueba viviente de que el concepto no llega. Ya está aquí.

Y si crees que eso te convierte en un cyborg por tener tu teléfono inteligente en el bolsillo… bueno. Ese es un debate para otro momento.

La ficción suele tratar a los cyborgs como monstruos o superhéroes. La realidad es mucho más mundana y mucho más compleja. Ya no nos limitamos a crear personajes para películas. Estamos integrando tecnología en nuestra biología para su reparación. Por la normalización. Para pura mejora. O simplemente porque las piezas viejas dejaron de funcionar.

Las categorías están desordenadas. A veces te ponen una prótesis para volver a caminar. Eso es reconstituyente. A veces se consigue que un dispositivo parezca o actúe “normalmente” en una sociedad que así lo exige. Eso es normativo. Luego están las cosas ambiguas. Posthumanismo. Reconfigurando lo que significa ser humano. Y luego hay mejora. Cada vez más fuerte. Ver más.

La medicina usa esto ahora. La investigación militar se apoya en ello. Incluso los artistas juegan con ello. La línea entre ciencia ficción e ingeniería se ha desdibujado.

¿Cómo funciona realmente un cyborg?

En esencia, un cyborg es un sistema humano-máquina. Es un híbrido. O controlas los elementos cibernéticos voluntariamente. Piensa en una mano robótica. Si piensas “agarra”, agarra. O tienes elementos independientes. Un marcapasos no espera su permiso. Late según su propio horario, manteniéndote con vida.

Estos sistemas funcionan con mecánica o electrónica. Introducirlos dentro de usted generalmente requiere cirugía. No es plug-and-play. Es invasivo.

Pero la tecnología detrás de estos implantes varía enormemente. A continuación se muestran algunos ejemplos específicos de cómo se ve esta integración hoy.

El “Luke Arm” y la retroalimentación sensorial

Mobius Bionics creó una prótesis que los fans de Star Wars reconocieron inmediatamente. Se llama Luke Arm. El nombre de Luke Skywalker, por supuesto. Pero no se trata sólo de plástico y metal. Le da al usuario el sentido del tacto.

¿Cómo? Los sensores electrónicos captan señales de los músculos residuales del usuario. El dispositivo traduce esos impulsos eléctricos en movimientos físicos. Puede manipular varias articulaciones a la vez. El esquema de control es inteligente. Los usuarios pueden operar interruptores con los pies. No se trata sólo de movimiento. Se trata de sentir el objeto que estás sosteniendo.

Virob: Microrobots en el torrente sanguíneo

Luego está Virob. Un microrobot. No camina. Nada. Viaja a través de los vasos sanguíneos. Su trabajo es preciso. Inyecta una dosis predefinida de medicamento directamente en un órgano específico.

No utiliza agujas. Utiliza ondas electromagnéticas inofensivas para navegar y funcionar. Se trata de una terapia dirigida a una escala que hasta hace poco era imposible. No más efectos secundarios sistémicos. Sólo el medicamento exactamente donde se necesita.

Neil Harbisson y la audición del color

No todas las modificaciones de los cyborgs tienen que ver con la fuerza o la salud. Algunos tienen que ver con la percepción. Neil Harbisson es un artista. También es daltónico. No podía ver todo el espectro de luz.

Entonces construyó una antena. Está montado en la parte posterior de su cráneo. La antena capta frecuencias de luz. Los transforma en vibraciones. Su cerebro interpreta estas vibraciones como sonido. No sólo ve el color. Él lo escucha.

“Efectivamente creó un nuevo sentido para sí mismo”.

Ésta es la categoría “ambigua” de la tecnología cyborg. Reconfigura la experiencia humana. No repara una pierna rota. Añade una nueva dimensión a la existencia.

¿Por qué esto importa ahora?

Solíamos pensar en los androides y los cyborgs como conceptos distantes. Pertenecían a libros y películas. Ahora son entidades que la ciencia realmente puede construir. Los desafíos son enormes. Crear los robots del mañana requiere resolver enormes obstáculos éticos y de ingeniería.

Pero las bases ya están puestas. Tenemos extremidades que sienten. Microrobots que curan desde el interior. Antenas que amplían la percepción sensorial. La pregunta no es si podemos hacerlo. Es hasta dónde estamos dispuestos a llegar.

El futuro de la robótica resulta familiar. Como algo que hemos visto antes. Pero la integración es más profunda. Más íntimo. Y una vez que se empieza a modificar la base de la capacidad humana, ¿dónde termina?

No es un acantilado. Es una pendiente. Y ya estamos subiéndolo.