El espacio se volvió un poco más claro hoy. O mejor dicho, nuestra visión del mismo.
Un equipo europeo-chino acaba de lanzar la misión SMILE. Es un barco pequeño. 3 metros de altura. Pero lleva hardware pesado para un trabajo específico. Para radiografiar la atmósfera magnética de la Tierra.
Despegaron desde la Guayana Francesa el martes. La Agencia Espacial Europea y la Academia China de Ciencias juntaron sus recursos. El resultado es un rastreador que orbita nuestro planeta para estudiar la magnetosfera. Esa es la burbuja que nos mantiene a salvo del sol.
¿Si ese escudo falla? Estamos fritos. Literalmente. La ESA fue tajante al respecto: “Si no fuera por la magnetosfera, la vida no podría sobrevivir en el planeta Tierra”.
Vientos solares. Suenan gentiles. No siempre lo son. Estas corrientes de partículas cargadas chocan constantemente contra nuestro campo magnético. SMILE quiere ver el impacto. Medirá cuándo, dónde y cómo ocurren estas colisiones.
¿Por qué nos importa?
Comprender estas brechas en el sistema solar no es solo académico. Mantiene viva la tecnología. Mantiene a los astronautas a salvo.
La nave espacial ya está funcionando. ¿Dos horas después del despegue? Primera señal recibida. Paneles solares desplegados. Está bebiendo la luz del sol.
Sin embargo, no permanecerá bajo. SMILE se elevará hasta 121.000 km sobre el Polo Norte. Eso es un tercio del camino a la luna. Un lugar solitario. Allí arriba obtendrá 45 horas de datos continuos por órbita. Radiografías suaves. Luz ultravioleta.
Va a tomar un tiempo. Los datos están llegando. Las preguntas sobre cómo funciona nuestra capa protectora están empezando a tener respuesta. Todavía estamos adivinando mucho.
Tenemos una misión. Veamos qué ve.





























